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La sierra noroccidental de Guadalajara, entre las vertientes meridionales de Somosierra y de la Sierra de Ayllón, atesora uno de los conjuntos más impresionantes de la arquitectura popular europea: la Arquitectura Negra, que se encuentra en período de declaración por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, dado su extraordinario valor etnográfico, arquitectónico y paisajístico.


La principal característica de esta arquitectura es el uso de la pizarra negra tanto en las cubiertas como en los muros de las casas, que es extraída del propio entorno natural de la zona. Las grandes lajas pizarrosas de las cubiertas y los muros de similar roca dan el peculiar color negruzco a las construcciones y el nombre a esta singular arquitectura popular.

Dado el clima extremadamente frío de la comarca, con largos y duros inviernos y frecuentes nevadas, los edificios son de anchos muros, aposentos pequeños, con grandes espacios reservados para cocinas y chimeneas y división del recinto con estancias bien diferenciadas para las personas, el ganado y los productos de la tierra.

Portones de madera, ventanas muy pequeñas y grandes chimeneas vienen a completar un conjunto arquitectónico de enorme belleza. Este tipo de arquitectura se aplica en la zona a toda clase de construcciones: viviendas, cerramientos ganaderos y delimitaciones agrícolas, caminos, puentes, tainas para el ganado etc…, que se mimetizan con el entorno natural del territorio en una simbiosis casi perfecta, dando lugar a un incomparable marco de gran uniformidad cromática y espectacular atractivo.

Además de los materiales constructivos empleados, la historia y forma de vida de los habitantes de esta zona han permitido que hoy estas pequeñas poblaciones conformen un patrimonio único: los Pueblos de la Arquitectura Negra de Guadalajara.

Campillo de Ranas, Majaelrayo, Tamajón y Valverde de los Arroyos se encuentran en un territorio delimitado por el río Sorbe al este y por el río Jarama y su afluente el Jaramilla al oeste. Al norte, el límite es el Hayedo de Tejera Negra, declarado Zona de Protección Especial. El Cardoso de la Sierra está situado en el extremo noroeste de la Provincia de Guadalajara, colindando con Segovia y Madrid. Estos pueblos están enclavados en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.

Historia

La Sierra, poblada ya desde épocas prerromanas, va a tener como característica dominante de su historia el aislamiento que su propia naturaleza impone. La crisis del Imperio Romano hace que, en el siglo III en toda la península, también se disperse la escasa población por el territorio.

En el siglo VI los visigodos se asientan en la Península. Y en el siguiente siglo, existen noticias de la pervivencia, en el territorio de la actual provincia de Guadalajara, de importantes contingentes de visigodos, que controlaban políticamente el territorio aunque, en la práctica, éste permanecía en poder de la población indígena hispanorromana. Ya es posible que existieran en la Sierra rebaños de ovejas practicando la trashumancia. Siendo la ganadería, junto a una agricultura incipiente de subsistencia la base económica de esta escasísima población indígena.

La llegada de los musulmanes trae un largo periodo de inestabilidad a estas tierras. Los bereberes procedentes del Magreb presumimos que compartieron la tierra y las costumbres ganaderas con los hispanovisigodos y con los mozárabes.

Pizarra negraEn este momento inicia lentamente el proceso de degradación de la cubierta vegetal de la Sierra, provocado por las crecientes necesidades de esta población semiestable.

La principal exportación de la zona fue la lana que surtía a los importantes talleres que en aquellos tiempos existían en Al-Andalus.

Durante varios siglos toda esta Sierra fue el límite fronterizo entre los reinos musulmanes y los cristianos. La repoblación árabe y bereber fue el precedente de las sucesivas repoblaciones cristianas.

Toda la Sierra permanece en la Taifa de Toledo hasta su conquista, en el siglo XI, por Alfonso VI. Combatientes castellanos son los que se instalaron en Cogolludo cuando Alfonso VI decide su repoblación concediéndoles fuero en 1102.

Las repoblaciones más importantes se producen desde fines de siglo XI hasta mediados del XIII. Es en el siglo XII donde la organización territorial se realiza a través de los Comunes de Villa y Tierra, perteneciendo al de Sepúlveda la zona de El Vado-El Cardoso de la Sierra-Colmenar de la Sierra; al de Ayllón, Villacadima, Cantalojas, Majaelrayo y el Concejo de Campillo de Ranas; y al de Atienza, Albendiego.

El afán repoblador va avanzando hasta que la población se estabiliza y dispersa por los campos en pequeños núcleos en torno a las principales cabeceras. Se definen los núcleos y se construyen las iglesias románicas.

Puertas pequeñas para el fríoEsta nueva y antigua población continúa dedicándose a la ganadería como actividad principal. El auge de esta actividad se pone de manifiesto en la concesión de pastos y leña en el término de Atienza que tienen desde el siglo XIII, Cogolludo y Atienza.

El aislamiento, la marginación, la incomunicación y la vida extremadamente difícil acompañan a los habitantes de la Sierra durante la Baja Edad Media. Por otra parte, este aislamiento les evita, en parte, los sufrimientos que durante los siglos XIV y XV causaron en zonas próximas las continuas guerras, los temporales y las epidemias.

Los siglos siguientes transcurren para la Sierra lentamente, sin sobresaltos ni cambios bruscos.

Entre los siglos XVI y XIX se consolidan definitivamente los núcleos de población que hoy conocemos. A comienzos del siglo XIX la Sierra alcanza un máximo de población, concretamente más de 500 almas en el Concejo de Campillo de Ranas.

A mediados del siglo XIX, persiste el aislamiento y la incomunicación, detectándose ya la tendencia migratoria de los habitantes de la Sierra, tendencia que se acentúa en los primeros años del siglo actual, aunque el despoblamiento masivo se produce en los años del desarrollismo.

¿Cómo nace?

Majaelrrayo. ventanaCuando el hombre empieza a preocuparse por la creación de un techo con que cubrir su indispensable espacio vital, comienza la gran aventura de definición de la arquitectura o de creación del espacio a escala humana. Se produce una arquitectura local y artesanal que profundamente enraizada en el medio ambiente y ligada al clima, a los materiales y a las funcionalidades sociales y económicas (arquitecturas vernáculas o populares) y que no son otra cosa que una repetición de invariantes, de soluciones contrastadas y probadas durante generaciones que han posibilitado la supervivencia en todos los terrenos colonizados por aquel hombre que, un día, empezó a sentirse urbano y a fijarse a la tierra.

¿Cómo se construye?


Campillo de Ranas (1)Esta arquitectura tan especial, hecha para un clima, una luz y un paisaje, utiliza básicamente como material de construcción, la pizarra, compuesto mineral de tonos gris, violetas, azulados, plateados o negruzcos, que confieren a sus construcciones un característico aspecto. La utilización masiva de los materiales locales, madera, barro, cuarcitas y pizarra, da como resultado unas arquitecturas miméticas confundidas con el terreno e integradas en un paisaje grandioso que lo domina todo.

La construcción se caracteriza por el uso masivo de la pizarra, tanto en muros como en cubiertas. Las construcciones se agrupan entre sí, en un todo continuo, vivienda construcciones complementarias, formando un sólido capaz sin fisuras, ininterrumpido y compacto y, debido a la utilización de los materiales de construcción citados, de una uniformidad textural que conduce a la formación de conjuntos de una calidad plástica inimitable. El hermetismo de los edificios responde a su rigurosa adaptación a las extremas condiciones climáticas.

Estos edificios son de una gran simplicidad. La madera estructural normalmente es de roble, de chopo, de pino y de olmo. La única herramienta que se utilizaba para su labrado es el hacha, por lo que las soluciones constructivas, tanto a nivel de elementos como de ensamblajes, encuentros y carpinterías, resultan de un gran originalismo y rusticidad. La construcción de las fábricas de muros o las soluciones de cubierta son de una perfección y belleza extraordinarias.

En Campillo de Ranas, Majaelrayo y Valverde de los Arroyos existen normas urbanísticas que protegen las construcciones de arquitectura negra, siendo preciso contar con el informe favorable de la autoridad competente en Patrimonio de la Comunidad Autónoma, para llevarlas a cabo.

¿Qué se construye?

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Esta arquitectura se justifica por unas necesidades vitales, de supervivencia y adaptación de una población determinada, hoy desgraciadamente ausente, a unas condiciones de vida y a unas limitaciones de una dureza extraordinaria.

Las casas de vivienda son los elementos más elaborados, con múltiples recursos para la utilidad y aún la comodidad de sus habitantes serranos. Estas presentan dependencias e instalaciones para los animales domésticos. Los animales de trabajo (vacas y caballerías), así como las gallinas, vivían también en la casa. El resto de la familia ocupaba, a veces una única habitación de la casa.

La ganadería ha constituido el sustento básico de los habitantes de la Sierra durante todas las épocas. Por lo que es natural que las construcciones auxiliares, dedicadas en su mayoría a la guarda del ganado lanar y caprino, tengan una importancia fundamental, tanto como construcciones individualizadas como en su aportación a la configuración de los núcleos.

Los edificios singulares. Las Iglesias. Se trata de una arquitectura religiosa popular que se realiza, casi interrumpidamente, en la provincia desde el siglo XII, fecha en que se sintetizan los modelos fundamentales y básicos, hasta varios siglos después. Esta arquitectura era destinada a grupos de población relativamente pequeños con recursos, técnicas y necesidades limitadas, por lo que sólo podía producir unas obras de arquitectura casera, íntima y popular.